Ocultó su pasado como mamporrero de Prado del Rey. 
 Se cambió el apellido inspirándose en un escenario de los Sex Pistols.

Madrid, redacción.- Una reciente investigación del Ministerio de Cultura ha desvelado que Eduardo Punset mintió en su identidad, en su curriculum y en su acento catalán para conseguir su trabajo en TVE.

 El celebre sabio de la tele se presentó inicialmente para el equipo de “Jardines y Pastos” de Prado del Rey, y no fue hasta tres años después que consiguió pasar las oposiciones a “Sabio de la tele”.

 Su compañero Efigenio Rodiano, que fue miembro del mismo rebaño de Prado del Rey, nos comenta que “al llamado Punset nunca le gustó patrullar el prado. Pisaba las hortensias con desprecio, y más de una vez le vimos soltándole una coz de full-contact a las vacas de las infantas”. Entre las funciones de Punset como patrullero de Prado del Rey estaba la de hacer de mamporrero de los minotauros, centauros y licántropos de Su Majestad. El puesto se lo asignaron porque en su primer curriculum decía que era “puericultor de meninas”.

 La investigación también incluyó unas pruebas del ocho y del pañuelo sobre el curriculum de 20 páginas de Punset, para descubrir que Punset no es su verdadero nombre. Las lámparas de luz azul revelaron que en lugar de las 7 carreras que Punset coloca en su curriculum, sólo tiene un diploma por un cursillo de puericultura a distancia donde sacó un 5 pelado. Pero de acuerdo a las fuentes oficiales de la noticia, no hubo manera de averiguar su nombre real porque el tippex estaba muy bien puesto.

 Según su vecino Jacinto Giménez, amigo de su peluquero y al corriente de todo lo que pasa al fresco del barrio, Punset hizo el cursillo sólo para conseguir la guitarra española que regalaban, y “la guitarra la cambio por dos papelinas de caballo esa misma tarde, incluso antes de abrir los libros”. Para Jiménez, el resto de lo que dice Punset en sus programas lo sacó del teletexto porque en su casa “siempre tiene encendida la tele.”

Un comunicado de la Academia Aragonesa de Recuento de Gilipolleces (AARG) indica esta no es la primera noticia en que se confirma una regla ya célebre: que la gente que habla muy lento lo hace para engañar a los demás y no porque piense más.