No fué más tarde de las tres, cuando Fitzcarraldo padre descubrió qué las piezas encajaban, así qué ni corto ni perezoso copuló insaciablemente dia y noche con la cyborg qué poco antes había diseñado y construido en el sotano de su pequeño apartamento en las afueras de cualquier gran metrópoli, justo en la confluencia de varias carreteras comarcales y la salida dos, dirección allí. Después fumaron y bebieron algo de vino. (1)

A los nueve meses y un día, nació Fitzcarraldo hijo, (imposible determinar la hora exacta, ya qué la agencia internacional de energía atómica emitió un comunicado justo a la misma hora y nos distrajo).
Fitzcarraldo hijo, demostró ya muy joven, ciertas tendencias qué obviaremos comentar aquí y ahora, así qué su padre decidió completar su educación en una cápsula experimental norcoreana para cerebros avanzados, hecho qué enfureció notablemente a las autoridades de varios paises occidentales, qué seguían de cerca la evolución del desarrollo intelectual de Fitzcarraldo. En principio, el MI5 y el Mossad no destinaron más qué un pequeño pelotón de investigadores con equipos obsoletos programados por un joven Bill Gates, aún con un terrible problema de acné en todo su cuerpo. (3)

Los efectos prolongados de la radiación norcoreana, explicaron más adelante, las reacciones desmesuradas de Fitzcarraldo ante ciertos artículos en prensa escrita, exclamando con ira adolescente la necesidad de azotar el mundo del periodismo de investigación.

Anclado en la pre-adolescencia, Fitzcarraldo vivió un estupendo episodio qué marcaría su vida para siempre, (explicado con todo tipo de detalles en su biografía no autorizada “No griteís en la cocina, qué se oye todo”). En ese momento se dió cuenta de qué la vida pasaría muy deprisa, no había tiempo qué perder explicando el estupendo episodio, así, con 18 años y ya alcanzada la mayoría de edad en casi todos los estados, fundó su primer proto-periódico, “Coge un plato, qué caen migas en la alfombra Times”, publicándose la estimable cifra de dos millones de ejemplares de su primer número, así qué si encuentras uno en cualquier mercado de las pulgas, no lo vendas en e-bay, porque no vale nada, pero envíamelo y lo tasaré si eso es lo qué deseas, no, no me cuesta nada…, sí, insisto, si no, no me ofrecería…, un segundo, alguien pregunta algo. Así empezó el estupendo episodio, Fitzcarraldo recibió en su buzón un sobre misterioso con lo que parecían los planos de un periódico maquetado, listas de contratos cerrados y firmados con varios anunciantes, fichajes estrella y plumas selectas del periodismo a nivel planetario. Todo eran señales, leyendo entre líneas el mensaje se percibía alto y claro.

Sometido a todo tipo de presiones financieras, luchó contra viento y marea para seguir adelante con su nuevo proyecto, contaba con 25 años (hasta centenas de millar, más, era desagradable) y recién divorciado de Antenas (2), su amor de juventud, vagó por los ambientes más sordidos de varias ciudades tailandesas describiendo círculos, sumando un cúmulo de errores, ocasiones perdidas y vivencias penosas. Allí conoció a muchos banqueros y otros personajes de destacada influencia política, de los qué aprendió a reconocer las miradas del lado oscuro, sus costumbres, rituales, pensamiento, y un crédito financiero a largo plazo, con el qué empezar de nuevo y volcarse en cuerpo y alma al nuevo proyecto, el definitivo, aseguraba. Varios editores de fanzines pueden demostrarlo.

Paseando por oxidados desguaces, especializados en coches tailandeses, un domingo soleado después del vermouth y con el diario bajo el brazo, vio la luz; construiría una redacción secreta en el subsuelo de uno de los desguaces, qué, en tiempos difíciles le habían acompañado, cuando nadie creía en e´l… salvo una científico del proyecto Harringtong. Más tarde investigada por el propio Fitzcarraldo, por supuesta implicación en el caso Regal, destapando una complicada trama de concesiones a dedo, parapetada bajo la falsa apariencia de una factoría de distribución de chaquetas y chaquetillas de entretiempo y/o rebecas., abarrotado de mano de obra asiática, en condiciones laborales sospechosas de infracción, notándose en la superable calidad y el detalle del producto final.
El proyecto Harringtong cayó en desgracia y se apartó a todos los especialistas, la mayoría de ellos se instalaron en países con gobiernos inestables. La comunidad científica, cariñosamente, les apodó de algún modo, probablemente coaccionados a nivel familiar u otros entornos próximos a Fitzcarraldo. Éste, tranquilo, siguió su labor y luchó más qué nunca para completar su felicidad informativa. Aquellos buenos tiempos, reflejados en un pdf pirateado que circula en ciertos sectores oscuros de la red, apestados de maleantes, facinerosos y gentes de malas artes, fáciles de localizar.
Así, junto a su fiel escudero temporal, pasaron siete noches con sus correspondientes días y el sueño se convirtió en realidad. El fiel escudero, firmó el finiquito y a otra cosa, mariposa. Las habladurías se multiplicaron por los alrededores, pero yo, puff, ni caso guapo, a mí, plím.

Desde ese momento, Fitzcarraldo hizo limpieza de papeles y flyers y se quedó con los qué le gustaban más, poco más se sabe.

Una compleja red de distribución no contabilizada por organismos oficiales y por tanto, aplicable a grupos radicales e insumisos, hace realidad la libre circulación de las publicaciones gestionadas por el imperio subterraneo de Fitzcarraldo.

 

Alguien dijo una vez: -el lugar para un cerebro como el de Fitzcarraldo, no se encuentra en este planeta-. Y marchó a otro bar a repetir a otros y otras esta frase, así hasta nuestros días.

 

N. del E.:

(1) – Fitzcarraldo padre siguió diseñando cyborgs hasta su muerte en un terrible accidente, cuando ingirió una pieza de lego de   cuatro x cuatro de color rojo.

(2) – Antenas vive felizmente divorciada junto al qué se cree qué es el único hijo no autorizado de Fitzcarraldo. Pero eso, es otra historia.

(3) – Bill Gates siguió programando pésimos sistemas operativos entre explosiones de pus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la academia para jovenes señoritas siguen las obras. Todas contentas y contentos, por supuesto